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Saturday, January 24, 2009

Mi primera experiencia con el Haikú, y un paseo por el jardín de la casa museo de Basho en Tokio.



“閑かさや岩にしみ入る蝉の声”

“Todo en calma; / penetra en las rocas / la voz de la cigarra”




La primera vez que oí del Haikú fue sintiéndolo.

En un ejercicio de actuación mi maestro, González Caballero (1), nos repetía constantemente unas cuantas frases poéticas traducidas del japonés. La respuesta inmediata en mi interior, acaso explosiva (si las explosiones fueran tan lentas como potentes), me abrió una puerta hasta entonces desconocida; la sensibilidad interior tenía una entrada (tal vez tiene más) y yo la había descubierto ese día.

Las palabras del maestro eran escuchadas, y después de un tiempo repetidas por mí, con mi voz, cada vez más bajo, como queriendo que entrasen a mí; entonces oírlas en el silencio, oírlas viajando por el cuerpo, dentro del cuerpo y comenzar a sentir.

El sentir me llevaba al llanto, pero aquél llanto no era de dolor y tristeza, o en todo caso de un dolor y una tristeza tan grandes que parecían cercanos a lo infinito, por lo tanto a lo intangible, y por lo tanto ni tristes ni dolorosas, sólo estaban y eran en mí, y ese llanto fluía como corre un río, sólo porque sí.

Mi cuerpo se distensaba, mis ojos nublados seguían escuchando el poema en mí.

Ya en el suelo y en un lapso de tiempo sin recuerdo, aquella tarde, disfrutando de todo ello, miraba al cielo y reía mientras las lagrimas seguían saliendo. Era todo, era mucho, ¡era de una extrema suavidad!

Hacía rato que la voz del maestro había desaparecido y la mía también, pero yo seguía escuchando el poema, en mí. Era la primera vez que podría decir que sentí un "alma", eso tan intangible que sólo llega a ser asible a través la poesía.

Y es desde entonces que al escuchar la palabra "Haikú" mi cuerpo ( y alma) la identifican con esa experiencia de actor, y al escuchar el nombre de "Basho" con el ser creador que la provocó.

Basho (Bashō) se ha cruzado varias veces en mi vida desde aquél día en el laboratorio de González Caballero y hasta ahora, se cruzó en mi camino durante un viaje a Tokio en enero del año 2008. Yo buscaba un estadio de Sumo, quería ver hombres enormes pelear de una forma ritual, y encontré en cambio al poeta japonés, encontré su casa museo que me detuvo por unos minutos.

La casa fue prácticamente destruida por el tiempo y los bombardeos, de ella no queda nada; una nueva construcción que la sustituye, un pequeño museo, y en ese lugar un pequeño jardín que aún en el invierno permanecía vivo.

Por ese jardín paseé y grabé imágenes, más bellas por lo que significan que por lo que ellas son. Mostrarlas es un gozo y leer sus poemas al verlas un placer.

Los viajes son pretextos que nos conducen a la sabiduría.


Un paseo por el jardín de la casa museo de Basho







Casa Museo de Basho. Toki, japón. (Enero de 2008)


Primeras frases (traducidas al español) del libro de Basho "Oku no Hosomichi"



La primera parte de "Oko no Hosomichi" (el más famoso libro de Basho) en la traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya:

"Sendas de Oku

Los meses y los días son viajeros de la eternidad.
El año que se va y el que viene también son viajeros.
Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de los barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son viaje y su casa misma es viaje.
Entre los antiguos, muchos murieron en plena ruta. A mí mismo, desde hace mucho, como girón de nube arrastrado por el viento, me turbaban pensamientos de vagabundeo.
Después de haber recorrido la costa durante el otoño pasado, volví a mi choza a orillas del río y barrí sus telarañas.
Allí me sorprendió el término del año; entonces me nacieron las ganas de cruzar el paso Shirakawa y llegar a Oku cuando la niebla cubre cielo y campos.
Todo lo que veía me invitaba al viaje; tan poseído estaba por los dioses que no podía dominar mis pensamientos; los espíritus del camino me hacían señas y no podía fijar mi mente ni ocuparme en nada.
Remendé mis pantalones rotos, cambié las cintas a mi sombrero de paja y unté moka quemada en mis piernas, para fortalecerlas.
La idea de la luna en la isla de Matsushima llenaba todas mis horas.
Cedí mi cabaña y me fui a la casa de Sampu, para esperar ahí el día de la salida.
En uno de los pilares de mi choza colgué un poema de ocho estrofas. La primera decía así:


Otros ahora


en mi choza - mañana


casa de muñecas.
"



(1) Dentro del método es en la "corriente naturalista o chejoviana", y la exploración que se trabaja es precisamente la del "Apoyo Haikú".


*


El libro del método de actuación de Antonio González Caballero (NO incluye el Método de Voz) está a la venta solamente a través de Internet, y en tres sitios: 

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Monday, July 23, 2007

Hai-Kú, un Apoyo para la experiencia interior

"La Enredadera,
hoy así,
me parece la vida entera."

"El invierno ha pasado,
el Sol calienta afuera,
frío hace adentro"


Estos son dos poemas japoneses llamados Hai-kú que en el método González Caballero utiliza como Apoyo-vehículo para lograr una sensibilización interna de los personajes.

Bashó, al parecer el creador de la técnica del Hai-kú, da su propia definición del poema:

"El credo del Hai-kú es: crear mediante una descripción concisa/ partiendo de una interpretación plástica de la naturaleza/ un cierto estado de ánimo." (1)

La exploración con el Hai-kú nos lleva por algo conciso, visible y sensible. En estas pequeñas frases existen los símbolos que toman elementos de la naturaleza y los asocian con estados de ánimo; lo más importante es que despierta sensaciones no precisas, fuertes, profundas, en donde las palabras “de explicación” no tienen cabida y en donde la naturaleza se mantiene presente en su organicidad.

Ejercicios.

En los ejercicios de reconocimiento con el Hai-kú González Caballero leía al actor, que ya tenía creado su personaje (2), uno de los poemas y los repetía mínimo tres veces, entonces le pedía al actor (en personaje) que lo repitiera a su vez otras tres veces y posteriormente iniciara su trabajo de "interiorización" del poema llevándolo literalmente "dentro de su cuerpo", a través de la voz, y hasta que el poema fuera "dicho" en el cuerpo del actor sin ser audible al exterior. González Caballero mencionaba el uso de los Niveles del interrelación, llevar la repetición del Hai-kú desde el Primer nivel hasta el Tercer nivel.

El ejercicio anterior podía tener una duración de más de media hora, en todo caso González Caballero daba el tiempo necesario para que el actor fluyera con el poema, y reconociera el denominado “interior”.

La combinación con los Niveles de Interrelación dará al personaje una mayor sensación de vida y al actor mayor credibilidad en su propio trabajo. Los Niveles de Interrelación hay que recordarlo, codifican el proceso de interiorización del personaje, para que el actor pueda manejarlo y desarrollarlo según sus necesidades y objetivos. González Caballero decía que en el Elemento está ya todo el personaje pero que sino pasamos por los Apoyos que lo "humanizan" nos quedaremos en una forma simple y carente de vida; en este caso el Hai-kú le ha dado al elemento el pinchazo para que expulse algo de lo que hay dentro de ese cuerpo recién nacido del personaje.

En la creación posterior de personaje, el Hai-kú se vuelve un Apoyo como tal, parte de esa creación. Del actor dependerá encontrar el Hai-kú de su personajes y desarrollarlo (“interiorizarlo”), y como se da el caso en el laboratorio el actor podrá crear sus propios Hai-kús.

La experiencia del Hai-kú es una revolución en el trabajo del estudiante y joven actor, es el momento en el que surge aquella sensación de que poseemos una verdadera joya dramática en el interior. La sensación de verdad a partir de la exploración de un Apoyo es tan profunda que se obtiene una gran seguridad en el trabajo técnico.


(1)
Esta es una cita que González Caballero leía cuando se hablaba del Hai-kú. No tengo el orígen concreto de ella; pero es claramente de Bashó pues aparece con muy pocas variaciones en libros dedicados a él y a sus poemas, así como en sitios de internet. Los poemas citados, por la dificultad de la traducción desde el japonés y de la poesía misma, pueden tener variaciones pero son clásicos reconocibles aún si ésta fuera una mala traducción.
(2)
Posiblemente sea necesario insitir en que el método busca la interiorización, la gran sensibilidad, las emociones en conflicto “del personaje” no del actor, así es necesario que el actor cree un personaje como hasta ese momento él lo puede crear, con los apoyos ya reconocidos y explorados. En el método, la diferencia actor y personaje debe ser tajante. (Ver Entrada del 15/feb/2007)





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